| |
La
tierra aún es ancha
CARTA A UN EMIGRANTE
Bienvenido.
Nos agrada tu llegada por ser tú, por venir de lejos, de otra
cultura a buen seguro apasionante, por tener una riqueza interior inigualable,
con ganas de sacar a tu familia hacia delante, de encontrar tu futuro
para ti, tu mujer y tus hijos.
Bienvenido. Las cosas no están aquí demasiado bien, pero
deseamos que encuentres aquello que buscas al dejar tu país.
Nos abre los ojos
Compartimos tu tristeza de haber tenido que dejar a tus padres, tus
raíces, el sitio donde naciste, los lugares donde creciste, las
cosas que te han hecho persona.
Somos conscientes de cómo la pobreza empuja a dejar la tierra.
La guerra obliga a emprender la huida. El hambre, la desesperanza, la
fustración, la injusticia llevan a mirar más allá
de las fronteras.
Así, nada más llegar, nos has abierto los hojos a la realidad
que viven todos aquellos que dejaste en tu lugar de origen y nos has
enseñado a gritar para pedir, a quienes esté en sus manos,
que este futuro que has venido buscando lo tengan todas las personas,
allá donde estén, en África, Suramérica,
Asia, Oceanía, Europa, donde hayamos encontrado nuestro lugar
en el mundo.
Derecho a beber
No hay más derecho que el derecho a la felicidad y si en tu lugar
se une el empecinamiento de unos y la incapacidad de otros para no poder
disfrutar ese derecho, te invitamos a que los disfrutes aquí,
porque del manantial del trabajo, de la sanidad, de la educación,
todos tenemos derecho a beber, allá donde el agua brote. Todos
tenemos derecho a una vida mejor. Por eso tenemos las puertas siempre
abiertas y más aún para quien busca la esperanza justa.
Bienvenido. tu llegada significa una razón para el júbilo.
Y por eso nos parece ilógico, injusto e inhumano que sea la noche
quien os reciba en una playa tras varias horas de zozobrar amontonados
en una barca, patera la llaman, después de pagar un precio que
no es sino un robo, de documentación falsa, matrimonios de conveniencia
y mil triquiñuelas más. Expulksados unos y hacinados y
escondidos en chabolas otros. Explotados laboralmente. Sin nada después
de varios meses de estar entre nosotros.
Tu casa
Y la verdad es que quienes suscribimos estas palabras nos alegramos
enormemente de que hayas elegido nuestra tierra, que es tu tierra, que
es tu casa. En ella trabajas y de ella sacas los frutos que compartes.
En ella nos entregas lo que eres y lo que sabes, lleno de riqueza como
persona, por tu cultura, tu religión, tu música, tu ciencia,
tu sabiduría popular. En ella tus hijos juegan con nuestros hijos
y crecen en la igualdad; aprenden a ver en las personas únicamanete
su corazón y juntos descubren a no tener miedo a que alguien
venga a quitarles lo suyo porque, sencillamente, es de todos.
Bienvenido. La tierra es ancha y todos tenemos derecho a un lugar donde
ser felices. Nos alegra poder compartirlo. ¿O no?
MIGUEL JIMÉNEZ (Colaborador Misioneros Javerianos) |