Nº4      I Trimestre-2000   Pág. 2
ASJUM
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 Tierras y mares

El peregrinaje de Juan Macias por tierras de Extremadura y de Sevilla no fue presuroso ni continuado. Desde que salió de Ribera del Fresno hasta que embarcó rumbo a las Indias pasaron 19 años que repartió, sin duda, en pueblos y cortijos de ambas regiones. La riqueza ganadera de estas tierras le dieron oportunidad de colocarse como pastor al servicio de grandes propietarios que acaparaban campos y cabañas.

Escarmentado, salió de Sevilla hacia Jerez de la Frontera dejando atrás algunos años de su juventud dedicado al sencillo y duro trabajo del pastoreo. A la vez, y a medida que su vida pasaba, iba también definiéndose más claramente su vocación cristiana: el servicio de Dios por el servicio a los hombres, particularmente a los más necesitados, y el cultivo esmerado de la vida interior por la oración, la mortificación en la pobreza y austeridad debida y por la contemplación sobrenatural.

Su programa humano era elemental y rutinario. Aquí o allá fue siempre útil a la sociedad con la labor del pastoreo: horas, días, meses, años sirviendo a los amos que contrataban su trabajo. Jornadas laborales sin otro descanso –y no siempre, por la condición de su oficio– que el dominical que como cristianos respetaban; paga exigua, sin vacaciones ni seguridad para el mañana. Era la norma para el jornalero. La otra vocación de Juan, la verdadera, la cultivo con más ahínco y convicción: la santidad.

Eran tiempos de especial florecimiento espiritual. Pero también la ignorancia religiosa y una cierta querencia pseudomística hicieron brotar, juntamente con el trigo, la cizaña de la farsa y la superstición. Juan, que llevaba una firme trayectoria de misticismo auténtico, guardaba celosamente en su conciencia las revelaciones y las experiencias sobrenaturales. A fuerza de orar y de escuchar humildemente la predicación de los frailes, adquirió una cultura religiosa suficiente y saludable para lo que Dios quería de él. No hubo iglesia de cuantas encontraba en su peregrinar que no visitara asiduamente.

JOSÉ LUIS GAGO, O.P.

 
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