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IV
Trimestre-2000 Pág. 2 ASJUM |
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| Mis amigos, los pobres Los
pobres éramos muchos. Pero entre todos había algo muy
humano. Yo pensaba que siempre era mayor la pobreza de los demás
que la mía. Y encontraba entre ellos una bondad natural para
poder compartir todo lo que había. Yo fui objeto de compasión,
por haber quedado huérfano. Y me sentía acogido con piedad.
Mi hermana era muy querida por todos. Descubría cada día
la bondad de corazón y la capacidad de entrega de la gente pobre
y sana. Dios estaba allí. Nuestro saludo era religioso: Dios
te guarde. Nuestra despedida nombraba a Dios. Nos poníamos todos
a rezar en las desgracias de alguno de los pobres: por el alma de los
que habían muerto, por los enfermos y los que estaban sufriendo
mucho, por los más necesitados. P. ABELARDO LOBATO, O.P.
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