Nº9      IV Trimestre-2001   Pág. 2
ASJUM
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 El agua del pocito de San Juan Macías

Hay aguas del arroyo de Valdemedel, que pasan por Ribera del Fresno, y que irán a desembocar al pantano de Alange.

Pero hay otras extraídas del pozo, que son aprovechadas por muchos visitantes, que gratuitamente, y con el solo esfuerzo de accionar la bomba de mano dispuesta en el brocal de piedra de granito, las hacen suyas y se las llevan a sus casas.

El templete original, la explanada, las barandas de hierro, las farolas y todo el conjunto de alrededor, amén de los terrenos para aparcamientos de coches y las alamedas de árboles acondicionadas para acampadas, etc. Van siendo obra y conservación de la hermandad de Amigos de S. Juan Macías de Ribera del Fresno.

El Pocito está actualmente conectado por carretera asfaltada de 5 km hasta la carretera general que conduce de Villafranca a Hornachos.
Un letrero en caracteres de bronce anuncia: «RESPETA ESTE LUGAR SANTO».

Las personas que viajan al extranjero suelen traerle a sus amistades —cuando conocen que sus sentimientos son religiosos— una botellita de agua del Río Jordán si visitan Tierra Santa, de Ntra. Sra. de Lourdes si lo hacen a Francia, o de Ntra. Sra. de Fátima si visitan Portugal. Los que acuden al Pocito de S. Juan Macías hacen lo mismo con sus familiares enfermos o impedidos. Conocedores de los deseos con que, estando en sus lechos de dolor, querrían acercarse a este sitio de oración, para exponerle al santo amigo de los pobres y enfermos S. Juan Macías, los problemas propios, se contentan con recibir con devoción esta agua, que fue ocasión tantas veces de haber sido acogidos en sus demandas.

Se ha hecho una costumbre popular retirar del Pocito agua en botellas o garrafas para que en sus casas, y cuando la devoción particular se lo pide, las utilicen para beber o lavarse con ella. Son muchos los que tienen experiencias que recuerdan algunas frases y enseñanzas del Evangelio sobre los que creen.
San Juan Macías empieza a ser considerado «patrono de emigrantes extremeños» por la simple razón de que se encontró en América, al llegar a aquel continente, abandonado en Colombia con lo que hoy llamamos un «contrato basura». Sin embargo, trabajó después durante 30 años sin descanso en Lima, ayudando a los pobres y enfermos, siendo el «paño de lágrimas» de todo el mundo, en compañía de S. Martín de Porres, el conocido «Fray Escoba».

El agua de este pozo no es medicinal, como lo es la del Balneario «Los Castaños» de Hornachos, no muy alejado de Ribera, “patria chica” del santo de Tierra de Barros canonizado en 1975. Tampoco es la de las Termas Romanos de Alange con cualidades medicinales reconocidas por muchos años. El agua del Pocito sí es la que se hizo famosa cuando dos niños, Juanito Macías siendo pastor de ovejas y un amiguito de su edad, pequeño porquerizo, con mucha sencillez y piedad acudieron a Dios para que los remediara. Lo que ellos hicieron no fue sacar con una cuerda su animalito en peligro, la hermosa leyenda cuenta que con el rezo del rosario la Santísima Virgen acudió en su ayuda. Este es, y no otro, el testimonio recogido y dado a conocer por los PP. Dominicos, que nos recuerda la imagen en cerámica que preside junto al pozo.

Cuando de día o de noche algunos «impedidos” beben un vaso de agua en sus casas, es porque alguien se preocupó de traérsela, sabedor del consuelo que les iba a dar. Pero también, mirando al más allá, sabemos que habrá un día en el que, según el Evangelio, ser oirán las palabras de sublime aprobación: «Tuve sed y me diste de beber». Y podéis pensar, que también se añadirá una “aclaración” en esos momentos, por parte del santo ribereño: «¡Sí, sí, lo hizo con agua de mi pocito!».

P.D.


 
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