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El
agua del pocito de San Juan Macías
Hay
aguas del arroyo de Valdemedel, que pasan por Ribera del Fresno, y que
irán a desembocar al pantano de Alange.
Pero hay otras extraídas del pozo, que son aprovechadas por muchos
visitantes, que gratuitamente, y con el solo esfuerzo de accionar la
bomba de mano dispuesta en el brocal de piedra de granito, las hacen
suyas y se las llevan a sus casas.
El templete original, la explanada, las barandas de hierro, las farolas
y todo el conjunto de alrededor, amén de los terrenos para aparcamientos
de coches y las alamedas de árboles acondicionadas para acampadas,
etc. Van siendo obra y conservación de la hermandad de Amigos
de S. Juan Macías de Ribera del Fresno.
El Pocito está actualmente conectado por carretera asfaltada
de 5 km hasta la carretera general que conduce de Villafranca a Hornachos.
Un letrero en caracteres de bronce anuncia: «RESPETA ESTE LUGAR
SANTO».
Las personas que viajan al extranjero suelen traerle a sus amistades
—cuando conocen que sus sentimientos son religiosos— una
botellita de agua del Río Jordán si visitan Tierra Santa,
de Ntra. Sra. de Lourdes si lo hacen a Francia, o de Ntra. Sra. de Fátima
si visitan Portugal. Los que acuden al Pocito de S. Juan Macías
hacen lo mismo con sus familiares enfermos o impedidos. Conocedores
de los deseos con que, estando en sus lechos de dolor, querrían
acercarse a este sitio de oración, para exponerle al santo amigo
de los pobres y enfermos S. Juan Macías, los problemas propios,
se contentan con recibir con devoción esta agua, que fue ocasión
tantas veces de haber sido acogidos en sus demandas.
Se ha hecho una costumbre popular retirar del Pocito agua en botellas
o garrafas para que en sus casas, y cuando la devoción particular
se lo pide, las utilicen para beber o lavarse con ella. Son muchos los
que tienen experiencias que recuerdan algunas frases y enseñanzas
del Evangelio sobre los que creen.
San Juan Macías empieza a ser considerado «patrono de emigrantes
extremeños» por la simple razón de que se encontró
en América, al llegar a aquel continente, abandonado en Colombia
con lo que hoy llamamos un «contrato basura». Sin embargo,
trabajó después durante 30 años sin descanso en
Lima, ayudando a los pobres y enfermos, siendo el «paño
de lágrimas» de todo el mundo, en compañía
de S. Martín de Porres, el conocido «Fray Escoba».
El agua de este pozo no es medicinal, como lo es la del Balneario «Los
Castaños» de Hornachos, no muy alejado de Ribera, “patria
chica” del santo de Tierra de Barros canonizado en 1975. Tampoco
es la de las Termas Romanos de Alange con cualidades medicinales reconocidas
por muchos años. El agua del Pocito sí es la que se hizo
famosa cuando dos niños, Juanito Macías siendo pastor
de ovejas y un amiguito de su edad, pequeño porquerizo, con mucha
sencillez y piedad acudieron a Dios para que los remediara. Lo que ellos
hicieron no fue sacar con una cuerda su animalito en peligro, la hermosa
leyenda cuenta que con el rezo del rosario la Santísima Virgen
acudió en su ayuda. Este es, y no otro, el testimonio recogido
y dado a conocer por los PP. Dominicos, que nos recuerda la imagen en
cerámica que preside junto al pozo.
Cuando de día o de noche algunos «impedidos” beben
un vaso de agua en sus casas, es porque alguien se preocupó de
traérsela, sabedor del consuelo que les iba a dar. Pero también,
mirando al más allá, sabemos que habrá un día
en el que, según el Evangelio, ser oirán las palabras
de sublime aprobación: «Tuve sed y me diste de beber».
Y podéis pensar, que también se añadirá
una “aclaración” en esos momentos, por parte del
santo ribereño: «¡Sí, sí, lo hizo con
agua de mi pocito!».
P.D.
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